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Nos quieren calladas. Nos quieren muertas de miedo

Son jueces, abogados, fiscales, defensores. No tienen intenciones de erradicar la violencia de género. Porque no la viven. Quieren fingir empatizar con la mujer desde un lugar cómodo y políticamente correcto.

Es miércoles 9 de febrero. El juez Eugenio Romanini acepta el pedido de la defensa de Roxana Michl, condenada por dos tribunales a el cese de prisión preventiva tras cumplir dos tercios de la condena. Está imputada por la privación ilegítima de la libertad de Paula Perassi, embarazada de seis semanas fruto de la relación extramatrimonial con Gabriel Strumia, esposo de la mujer, de quien es cómplice para desviar la investigación, plantando pruebas falsas para nunca llegar a hallar el cuerpo de Paula.

Minutos antes de la decisión del magistrado, se sienta Alberto Perassi, padre de la mujer desaparecida. Le habla con el corazón en la mano, le dice que él quiere los huesos de su hija. Que quiere llevarle una flor a su tumba, y le pide a la mujer que hable, que no dio ningún dato para saber dónde está su hija. Los abogados que representan a la querella, a los hijos de Paula, señalan que debido a la gravedad del hecho debe seguir presa, que no «robó caramelos» sino que está allí porque la condenaron dos veces por ser cómplice de la desaparición de una persona embarazada. «Michl ha sido condenada por su accionar por la sustracción de una mujer embarazada que desapareció para no volver, se han borrado todos los rastros del delito, y de la víctima. Estamos en presencia de un crimen sin cuerpo (…) el crimen se sigue cometiendo hasta que haya una noticia de su paradero», indicó el Dr. Daniel Machado.

«Corresponde hacer lugar al pedido de la defensa, la libertad condicional es un beneficio y un derecho del condenado. Es una cuestión netamente jurídica al margen de las emociones», argumenta el juez Romanini y da la orden de que Michl quede en libertad.

Martes 8 de febrero: La actriz Thelma Fardin anuncia a través de redes sociales que el juicio contra su abusador Juan Darthés fue anulado en Brasil. El tribunal superior del país vecino, a pesar de que se encontraba en las instancias finales del debate, decide volver a foja cero y señalar que no tiene jurisdicción sobre el caso. Thelma fue revictimizada una vez más, luego de declarar horas ante un tribunal y ser maltratada por la defensa del actor.

Viernes 11 de febrero: La Corte Suprema de Justicia santafesina anula la condena a 21 años de prisión de Manuel Mansilla, por el femicidio de Chiara Páez y ordenó que sea juzgado por un tribunal de Menores, porque al momento de cometer el crimen, el femicida tenía 17 años. Debido a que ya cumplió casi la mitad de la condena podría gozar en breve de salidas transitorias.

El femicidio de Chiara Páez, embarazada de dos meses, ocurrido en mayo de 2015 en Rufino dio inicio al movimiento Ni una Menos, donde mujeres de todo el país, salieron a reclamar justicia, hartas de los crímenes hacia las mujeres cometidos por varones. Cada 3 de junio, cientos de miles de mujeres salen a la calle a protestar por la violencia hacia la mujer y por su consecuencia más extrema, los femicidios.

«En la Argentina seguimos teniendo jueces que actúan de mala manera, y que por eso son repudiados por todo el país. La Corte Suprema de Justicia de Santa Fe primero debió haber pensado en el derecho a la vida de Chiara, y en su dignidad humana», dijo Verónica Camargo, madre de la joven asesinada.

Lunes 15 de febrero. Maru Diaz se presenta en los tribunales sanlorencinos. Todavía tiene un derrame en el ojo, que data desde el 27 de octubre de 2021 cuando su ex pareja Juan José Borda, le pega con un velador y la desmaya. Desvanecida en el piso, el hombre le sigue pegando golpes de puño y patadas. Maru no responde. El hombre la cree muerta, toma una sábana y la envuelve y la deja escondida debajo de la cama. Entra el hijo de ambos de seis años y horrorizado por la escena, le pregunta a su padre que pasó. «Tu mamá está muerta», le responde y antes de irse estampa contra el baño a la primogénita de Maru quien llega a socorrerla.

La mujer pide que el fiscal no cambié la imputación del hecho, que implica «rebajar» el delito y como consecuencia, una condena menor. Según los abogados de María José, la fiscalía informó que modificaría la tipificación del delito que en un principio fue encuadrado dentro de una tentativa de homicidio doblemente agravado. Pero, en las instancias previas al requerimiento acusatorio para elevar la causa a juicio, el fiscal decidiría que en base al informe médico del hospital que atendió a Maru, debe corresponder lesiones leves agravadas que prevé una pena de seis meses a dos años de prisión, y qué podría dejar a Borda en libertad, por el tiempo que cumple en prisión preventiva.

«No es suficiente (para el fiscal) que los chicos declaren en cámara Gesell, ni que me envolvió con una sábana y me dejó abajo de la cama» reclamó Maru. «Tengo miedo, si a él le bajan la carátula puede quedar en libertad, los chicos están bajo tratamiento psicológico, yo también, tenemos miedo porque va a terminar lo que pensó que había hecho. Él me dejó porque pensó que estaba muerta. Si con una prohibición de acercamiento que no respetó, fue a mi casa e hizo lo que hizo ¿Qué seguridad me da el fiscal ahora?»

Es injusto el recorte de casos planteados en esta nota, pero fueron los más resonantes a nivel mediático de estas dos semanas. En la calle, hay cientos que no son visibilizados por los medios de comunicación y que ocurren a diario donde la mujer es víctima de un entramado político, judicial y social patriarcal, al que debe enfrentarse o callarse.

Cuando una mujer decide denunciar a un varón tiene dos opciones. La primera es callarse. Sufrir en silencio o en compañía de una amiga, familiar o red de mujeres si lo tuviera. La mujer sabe que sentirá vergüenza de contarlo, aunque no haya hecho nada. Se sentirá humillada, vulnerada, pero su silencio es una decisión. Para no perder un trabajo, evitar un conflicto familiar, que no le crean.

Esta semana, una mujer me cuenta que una clienta que tiene, es madre de una mujer joven de unos veinte años. Me dice que la chica, que preservaré su identidad, el rubro y la localidad donde trabaja porque ella no quiso darlo a conocer comenzó a trabajar en un comercio. Ilusionada por las nuevas posibilidades económicas que le daría para solventar sus gastos.

Esa ilusión le duró poco. Poco más de un mes después, cuando había aprendido a hacer varias tareas y se sentía valiosa, la joven renuncia a su trabajo. Angustiada, le cuenta a su madre que el encargado del comercio la manoseó y la arrinconó contra un mostrador. Que ella no puedo actuar, que se quedó mal. Y que no quiso contarle al resto de sus compañeros o a su jefe por vergüenza, porque nadie le iba a creer.

La otra opción es denunciarlo ante la justicia. Pero quien decide hacerlo, sabe que el camino es largo, lleno de obstáculos y que la meta probablemente no sea la justicia. No sea el encarcelamiento del abusador, del violento, del femicida. Sabrá la mujer que la revictimización es moneda corriente, que deberá relatar una y otra vez los hechos. Que deberá ir decenas de veces a la fiscalía, a los tribunales, a la policía, y que muchas veces vuelva sin un papel, sin una respuesta. O que la respuesta no es satisfactoria como los casos que mencioné al principio de la nota.

A veces me siento en las audiencias penales y escucho hablar horas a fiscales, abogados, jueces (un 95% varones), desde un lugar de privilegio que obtuvieron por el hecho de haber nacido con pene, en una sociedad que los pondera. Los escucho hablar de abusos, sin ponerse en la piel de una niña o mujer abusada e intentan demostrar empatía por la víctima. Pero jamás sabrán lo que una mujer siente al ser violada, golpeada, como tampoco podrán ponerse en la piel de los padres cuyas hijas están muertas por un varón, o desaparecidas como el caso de Paula Perassi.

Los escucho hablar de la ley Micaela, hasta algunos hombres que pertenecen al ámbito de la justicia ¡DAN CURSOS SOBRE ELLA!, nombran la ley 26.487, la Convención Belem Do Para para prevenir erradicar y sancionar la violencia de género, para después no utilizar absolutamente ninguno de los postulados de las mismas.

“Es increíble, pareciera que las mujeres nos tenemos respiro en este país, es todos los días una situación de violencia nueva, de abuso de todo tipo y al lugar donde nos mandan que vayamos a denunciar que hay campañas por todos lados, para que nos acerquemos, para que denunciemos ante la justicia y es el lugar donde nos dan la espalda o es donde nos hacen este tipo de cosas”. Expresó Melina Alzugaray referente de la Campaña contra la Violencia de Género Cordón Industrial.

Y sintetizó contundente: “Parece una broma. No podemos permitir como sociedad, que una persona que le pega a una mujer hasta según él matarla, la envuelve con unas sábanas, y la mete debajo de una cama, cambien la carátula a lesiones leves, parece que nos están tomando el pelo ¿Cuál es el ejemplo que nos dan para que después las pibas vayamos a denunciar y nos queramos apoyar en este tipo de instituciones que realmente nos dan la espalda y nos toman el pelo? Es el claro ejemplo de cual es el rol de la mujer en esta sociedad, y pareciera que esta gente, está en contra de erradicar la violencia contra las mujeres”.

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