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La guerra narco que se lleva a los hijos

Brian Sanchez asesinado el 28 de mayo

A Runni de 16 años, lo mataron como a un perro. Una de las balas entró por su brazo derecho y se alojó en el tórax y la otra en una de sus piernas. No llegó al hospital Granaderos a Caballo y murió en el camino. También resultó herido Gabriel de 24 años, que quedó internado en el nosocomio local con herida en tibia y peroné. Ambos estaban pidiendo monedas a los miles de camioneros que transcurren diariamente por Avenida Mitre en la zona norte de San Lorenzo que se dirigen a las empresas de combustibles de la ciudad.

La policía estaba a 25 metros del lugar del tiroteo, custodiando una vivienda en calle Díaz Vélez al 4100. En esa dirección, el pasado martes 26 de mayo, un hombre identificado como Gerardo Marcelo «Pecho» Pérez, era asesinado de un disparo en el pecho y luego abandonado en el hospital ya muerto. Aún no hay detenidos por el hecho pero el fiscal investiga a un joven quien sería familiar de Pérez como posible autor del hecho y ambos homicidios podrían estar relacionados de acuerdo a fuentes judiciales.

«Esto no es un ajuste de cuentas, a Brian lo mataron porque se equivocaron de lugar», señaló Alejandra, una vecina de barrio norte acongojada por la muerte de un chico de 16 años. Los vecinos, que conocen la zona, señalaron que a metros de donde ocurrió el asesinato, funcionaba uno de los tantos búnkers de drogas y admitieron que ellos mismos incendiaron una vivienda ubicada en calle Mitre dedicada a la comercialización de drogas. Según señalaron, están hartos de la inseguridad y de los hechos delictivos, donde los narcos se apropiaron de un barrio donde convive gente humilde y trabajadora. Los mismos narcos, que «captan» a adolescentes y jóvenes que buscan una moneda y los convierten en soldaditos.

«Brian era un chico que estaba pidiendo monedas, cuando pasó una moto y le disparó, uno manejaba y el otro disparaba. Uno de ellos tenía un pantalón de jean corto y remera amarilla y usaban barbijos», describió uno de los testigos.

La guerra narco en San Lorenzo viene de vieja data. Hay dos bandas históricamente enfrentadas ubicadas en los márgenes del Arroyo San Lorenzo, de un lado en barrio norte, donde está Ramón «Willy» V., y del otro; Víctor «Pimpi» L.,en Puerto General San Martín . Durante los últimos años, esta disputa se ha cobrado la vida de varias personas, entre ellas, a Rodrigo Gigena, un muchacho de 25 años que estaba en la puerta del negocio de su familia en Clemente Albelo al 3600 cuando desconocidos pasaron disparando y murió a raíz de las heridas en julio de 2019. Gigena, nada tenía que ver con el narcomenudeo, por lo que presumen que los sicarios se equivocaron de persona.

Días antes, el 31 de julio , era asesinado Eduardo Luis Villegas de 28 años en Puerto Gral. San Martín cuando estaba en el interior de su automóvil junto a su pareja, quien resultó herida. El 2 de agosto, Jorge Acosta de 30 años y Juan Ezequiel I., de 19 eran atacados a balazos en Fournier al 1200. El primero murió en el lugar y el segundo resultó herido.

Más atrás en el tiempo, el 25 de enero de 2019 era asesinado Walter Santa Cruz de 29 años en Díaz Vélez y Costanera de una herida de bala en el omóplato; el 29 de enero Jonathan Anguilante alias «pony» quien vivía también en zona norte, lo mataron en las vías del NCA y Gaboto en barrio Copello de Capitán Bermúdez y el 5 de marzo, David Medina en Díaz Vélez y Costanera murió de varios disparos efectuados por dos personas arriba de una moto. Sobre esta última serie de homicidios, fueron imputadas diez personas que conformaban una banda delictiva que se dedicaba a realizar crímenes por encargo. La banda » del viejo» un hombre que cumple condena en la cárcel de Piñero ordenaba a través de celulares, a quienes asesinar.

Barrio norte es una comunidad de familias humildes que viven allí hace muchos años, con viviendas precarias. Señalan que muchos viven en la pobreza, y que son las bandas delictivas enquistadas en las calles, las que se aprovechan de los jóvenes que buscan una changa para comer. Con dificultades para acceder a la educación y a un trabajo formal, son captados como soldaditos, para cuidar los quioscos de droga, en donde se comercializa cocaína y marihuana. Los vecinos saben donde está cada búnker ubicado y señalan que la policía también lo sabe: «caen a los búnkers a realizar allanamientos; luego arreglan con la policía y salen a los dos o tres días y vuelven a vender. Hay muchos búnkers, que se van trasladando de casa en casa, lo sabe la justicia, lo sabe la Gendarmería, lo saben todos. Mis hermanos salieron a jugar a la pelota ayer, y los vecinos llamaron a la policía que los sacó a los tiros porque no quieren que estén en la calle por la pandemia, pero cuando matan a un pibe no hacen nada», contó a Pregón uno de los jóvenes que vive en el lugar y amigo de Brian quien quebrado por la angustia, recordó que horas antes le había pedido a su mamá que le consiguiera un par de zapatillas a Runi, como le decían en el barrio.

¿Hasta cuando vamos a permitir que nos maten a nuestros hijos? Había una chata de la policía a media cuadra de donde le dispararon a Brian y no atinaron a correrlos, a nada» cuestionó otro vecino y agregó: «Hay una guerra narco que se está llevando a nuestros hijos y pedimos seguridad para ellos, y para mí, porque sé que en un rato me va a sonar el teléfono y me van a decir que mi casa está marcada».

Los vecinos esperaban al fiscal Aquiles Balbis en la comisaría 7ª para exigirle que investigara la muerte de Brian y para brindarle detalles de lo que ocurre en el barrio. Con bombos, unas 50 personas enardecidas por la injusticia, quemaron contenedores y un búnker sobre calle Mitre, les exigieron respuestas a la policía, pero se toparon con un cordón policíal de unos 20 efectivos. Ninguno les dijo nada. Cuando supieron que Balbis estaba en la escena del crimen volvieron al lugar.

«Están matando a nuestros hijos, somos familias humildes que tenemos hijos y que nos cuesta mandarlos a estudiar y viene esta gente te los agarra y te los arruina y no podemos hacer nada y hoy no voy a poder dormir porque se que van a venir por mis hijos, porque se que viene la revancha», finalizó Alejandra.

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