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Investigadores creen que «Caníbal» Laferrara estuvo refugiado en Beltrán

Se cree que, durante un tiempo, «Caníbal» estuvo refugiado en una casa de Fray Luis Beltrán, una propiedad con solo un acceso y de difícil vigilancia. Ese lugar lo monitoreó durante semanas la Policía Federal Argentina (PFA) en marzo pasado, pensando que allí se iba a juntar con su familia para celebrar el cumpleaños de una de sus hijas. Pero hubo que esperar.

Laferrara estaba con su esposa, Ailén Juri (28), y sus hijas en una casa ubicada en la esquina de Rosario y Timbúes, en la localidad de Andino. El lugar -a metros del río Carcarañá- lo había alquilado la mujer dos meses antes.

Su esposa tenía el celular pinchado. Su mamá tenía el celular pinchado. Su hermana tenía el celular pinchado. Hasta la pareja de su padre tenía el celular pinchado. Apenas el pasado 18 de junio, el fiscal Carlos Rívolo y la Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar) le había pedido al juez federal Ariel Lijo que prorrogara por 30 días las intervenciones telefónicas. Todo ayudó a cercar a Mauricio «Caníbal» Laferrara (27), pero lo que terminó por provocar su caída, la tardecita del viernes pasado, fue un error.

Tras permanecer ocho meses prófugo, el jefe de sicarios del capo narco de Rosario Esteban Lindor Alvarado (44) fue descubierto porque se dejó ver. «Se confió», resumió un investigador que describió la escena de la captura: Laferrara salió brevemente de la casa que ocupaba para recibir a Marcos Germán Capuano, hermano de Rosa Capuano, la histórica mujer de su jefe.

El hombre había llegado a la propiedad en un Audi gris. Los policías de Santa Fe que vigilaban la casa lo vieron bajar del auto, caminar hacia la cabaña y luego volver sobre sus pasos como si se hubiera olvidado algo. Ahí salió Laferrara.

Para los investigadores, Capuano es un personaje clave no sólo por su vínculo con Alvarado, sino porque fue una de las personas que visitó a Laferrara en Devoto en octubre de 2023, pocos días antes de su espectacular escape dentro de un camión de basura.

Los policías vieron a «Caníbal» y lograron fotografiarlo con su beba en brazos. Por eso les dieron el OK de detenerlo. Cuando Capuano demoró al ir a a buscar algo en el Audi, les cayeron encima. Era una operación delicada: en la casa había dos pistolas 9 milímetros y una calibre 40,y también dos nenas muy chiquitas.

Aunque habían logrado colocarle un GPS al Citroën C4 que manejaba Ailén, en un momento los policías se dieron cuenta de que los habían descubierto. «Llevaban el auto hasta una estación de servicio, sacaban el GPS, lo dejaban ahí y seguían con el auto. Cuando nos dimos cuenta, desciframos que si el GPS estaba quieto en un lugar mucho tiempo, era porque Ailén se iba a juntar con su esposo», resumió una fuente del caso.

Por Laferrara -con captura nacional e internacional- se ofrecían cinco millones de pesos de recompensa, muy poco dinero para el mundo narco, pero ese es el máximo monto permitido por la ley. Además de la Policía de Santa Fe, lo buscaba la División Búsqueda de Prófugos de la Policía Federal, que envió a Santa Fe tres brigadas.

Sobre el escape, misterioso y sin antecedentes, las pistas apuntan a la complicidad penitenciaria y al rol de algunos empleados de la Ceamse. Para empezar, es difícil de explicar qué hacía un preso de su peligrosidad en una cárcel como Devoto.

Un anónimo que le llegó a la Justicia habla de complicidad de algunos jefes del Servicio Penitenciario Federal (SPF). Por lo pronto, el juez Lijo ya adjuntó a su causa un informe de los responsables de la unidad residencial donde estaba Laferrara, fechado en marzo de 2023, en el que se alertaba que Devoto era inadecuado para su perfil.


Más conocido por su apodo que por su nombre, Laferrara logró, con ayuda de su compañeros de pabellón, meterse en el contenedor de basura del penal el martes 17 de octubre de 2023.

Como es chiquito, lo llevaron hasta el playón de la cárcel donde están los contenedores generales dentro de un tacho de residuos. Aguantó dos días en el contenedor de basura con algunas naranjas, galletitas, una botella de agua y una manguera para respirar.

Sus compañeros lo cubrieron con la tapa de una mesa de plástico para protegerlo de la lanzas con las que los penitenciarios pinchan la basura antes de que salga de la cárcel, tarea que -según las cámaras de seguridad internas- se cumplió normalmente.

Tras el escape, se pudo reconstruir que Laferrara se escapó sin que nadie lo advirtiera la mañana del 19 de octubre en uno de dos camiones recolectores que todos los jueves iban a la única cárcel federal que queda en la Ciudad de Buenos Aires.

Recién el día 20 se dieron cuenta de que se había fugado y eso porque los propios presos le dijeron a los penitenciarios: «Cuenten bien en el pabellón 11, porque se les escapó uno».


Fueron pocos los rastros que dejó Laferrara, quien literalmente se esfumó, al punto de que se pensó que lo habían matado y escondido su cuerpo en algún sector de Devoto.

Pero un rastro que sí dejó fue el recorrido que hizo el celular que llevaba encima. El aparato -con servicio de la empresa Movistar- era de uso comunitario en su pabellón (el 11 del Módulo 3). Se usaba para hablar con las familias y coordinar entrega de alimentos con locales de la zona del penal.

El análisis de los movimientos de esta línea permitió confirmar que Laferrara se había ido en el camión de basura que había salido de la cárcel las 10.50 del jueves 19 (uno anterior había partido a las 9).

Presos trasladando basura en el penal de Devoto. Así creen que llevaron a «Caníbal» Laferrara hasta un contenedor.Presos trasladando basura en el penal de Devoto. Así creen que llevaron a «Caníbal» Laferrara hasta un contenedor.
El recorrido reconstruido por la División Búsqueda de Prófugos de la PFA va sin escalas de la cárcel de Devoto al predio de la Ceamse de José León Suárez. Ninguna cámara (se revisaron medio centenar) lo muestra tirándose en el trayecto y, los más extraño, tampoco saliendo del contenedor del camión una vez que llegó a destino.

Hasta el 19 de octubre de 2023, los movimientos de la línea celular solo impactan en la celda de Nogoyá 4861, que se corresponde con el penal de Devoto. Eso porque era un teléfono usado por todo el pabellón.

A las 10.51 de ese día la línea impactó primero en la celda de Francisco Beiró 5167, luego en la de Barragán 908 hasta llegar a las 11.34.02 a la celda de la calle Debenedetti 7214, San Martín. El último signo de vida del celular fue el 19 de octubre a las 13.04.02 en la celda del Cinturón Ecológico del Camino del Buen Ayre. Ahí se apagó, lo que hace presumir que Laferrara lo abandonó con la basura.

Ahora «Caníbal» fue recapturado y nadie quiere que se vuelva a escapar. Por eso se decidió sacarlo inmediatamente de la provincia de Santa Fe en un avión de la PFA. Viajó la madrugada del domingo y lo alojaron en el Complejo Penitenciario 2 de Marcos Paz. Esta vez, aislado bajo el régimen de preso de alto riesgo.

Fuente: Clarín

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